SALVEMOS EL PUERTO – Sergio Paz (Directivo de Iniciativa Porteña)

Publicado el 30 - diciembre - 2019

Cuando el pasado 5 de diciembre me llegó a través de las redes sociales la noticia del derrumbe del Pantalán, una sensación de indignación y tristeza me invadió, una sensación que a día de hoy todavía perdura. Más tarde corroborado y acentuada la noticia por las publicaciones en prensa digital, con las fotos y vídeos que iban llegando, mi rabia crecía minuto a minuto.

  ¿Cómo era posible que hubiéramos llegado hasta ese extremo? Claro que, conociendo los entresijos de la política, especialmente la municipal, la pregunta debiera ser ¿cómo es que sólo se haya caído un tramo y no el Pantalán entero?

   Construido a principios de los años 70, apenas funcionó (para lo que había sido diseñado) durante una docena de años, cargando mineral de hierro procedente de las minas de Ojos Negros-Setiles mediante su cinta transportadora, hasta el cierre de las minas de Sierra Menera. Hace aproximadamente 30 que dejó de utilizarse, aunque su vida comercial se alargó durante algún tiempo gracias al embarque de cemento mediante camiones de la entonces cementera Asland. Y desde aquel momento la única inversión realizada por la Autoridad Portuaria de Valencia (gestora de la instalación) fue desmantelar la cinta transportadora y colocar vallas que impidieran el paso; ni un miserable pegote de hormigón se han dignado colocar en tres décadas, muy cómodos en su sillón de mando, sin un alcalde que ejerciera la presión obligada.

    Si hay una palabra que me viene a la mente en este desgraciado suceso, es abandono. El abandono que sufre El Puerto y en especial nuestro Patrimonio Industrial, del cual el Pantalán es una pieza clave (quizás la de mayor proyección turística); el abandono del inacabable Museo Industrial asediado por las pedradas; el abandono de la Gerencia, que literalmente se cae a trozos; el abandono del Economato con unas vallas en la acera desde hace más de un año por la caída de unas tejas; el abandono de la Nave de Talleres (en espera que se arreglen las goteros y se ponga en marcha alguna vez); el abandono de la plaza de la Concordia (va para 5 años desde que la derribaron); el abandono del Sendero Azul o paseo a Canet; el abandono del puente a Canet por la costa que ya veremos cuando ve la luz (por cierto la escusa en ambos proyectos comunes con nuestros vecinos del norte era el distinto color político municipal, y ahora que es el mismo ¿qué está ocurriendo?); el abandono del tren de pasajeros hasta El Puerto a pesar del compromiso del alcalde; el abandono de no finalizar la Vía Verde en El Puerto; el abandono de las pistas de pádel del Fornás; el abandono del pabellón deportivo en frente del cementerio; y la inevitable sensación de suciedad (con cucarachas y otras plagas incluidas) por falta de limpieza viaria que ofrece nuestro pueblo.

   Claro que algún optimista diría que al menos el Horno Alto está marcha, al cual yo le diría que sólo parcialmente, pues todavía no es se puede subir a la plataforma del tragante, pendiente desde hace años de unas pequeñas reformas, pues siendo accesibilidad mediante el elevador (recreación del skip) este todavía no se ha estrenado. Y por supuesto a nadie se le ha ocurrido prolongar las vías que lo rodean para que recojan a los visitantes desde el Museo y conectar este monumento con el resto de la ciudad mediante un paseo didáctico.

    Mucha palabrería electoral de lo mucho que les preocupa o interesa el Patrimonio Industrial, interés que se diluye cual azucarillo en café año tras año, como lo fue la prometida Ciudad de la Artes Escénicas en la Gerencia de Zaplana en el año 2000. O la última promesa electoral de Oltra en 2019 (sin visos de cumplimiento) para rehabilitar el antiguo Economato como CEAM, una manipulación más hacia los porteños para arañar un puñado de votos.

     Parece que los porteños nos dejamos engañar como niños ante un mago circense, sin reflexionar que lo que ven nuestros ojos no es más que una ilusión. Mientras tanto nuestro pueblo languidece y se cae a pedazos fruto de la desidia, la dejadez y la indiferencia que desde Sagunto parecen estar consiguiendo impregnar en la sociedad porteña.

     Ante esta situación algunos nos revelamos y gritamos con fuerza que ya está bien, que es hora de que los porteños cojamos el rumbo de nuestro destino, al igual que en su día conseguimos salvar el Fornàs de las garras de la especulación urbanística, especulación que hubiera supuesto la desaparición de esta histórica instalación deportiva y la herida de muerte para el hoy centenario Acero, al igual que conseguimos salvar el recinto de la Gerencia y que hoy día sea un espacio público. Salvemos lo que nos queda del Patrimonio, que no se quede tan sólo en un recuerdo, salvemos nuestro pueblo, porque si no lo hacemos nosotros nadie lo hará por nosotros.

  ¡Salvemos El Puerto!

 

SERGIO PAZ COMPAÑ

                                                           Directiva de Iniciativa Porteña

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