GRANDES MADRES, GRANDES MUJERES – Pilar Berná (Presidenta de Iniciativa Porteña)

Publicado el 11 - abril - 2019

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  Día a día me van aflorando varios recuerdos que tenía olvidados en un rincón de mi memoria, unos los viví en mi niñez y muchos otros me los contaron mis mayores, padres, tíos y abuelos, referentes a cómo aquellas gentes emigrantes, a principios del siglo pasado, levantaron un pueblo de la nada con sus esfuerzos y grandes sacrificios.

   Estos recuerdos tuve la ocasión de rememorarlos hace unos días, cuando asistí a la presentación del tercer libro de Buenaventura sobre la Historia del Puerto. Allí tuve la ocasión de escuchar a los ponentes haciendo una descripción de las distintas etapas por las que pasó mi Puerto, palabras que fueron tomando forma de película en mi mente y que me hicieron soltar alguna lágrima.

   Fueron años muy duros, durísimos, tanto para los hombres como para las mujeres, sin poder decir que unos lo sufrieran mas que los otros. Pero las que jugaron un papel fundamental en la gestación de este logro, yo diría que esencial, fueron las mujeres, abuelas, madres y esposas. A la incertidumbre de emprender una aventura a lo desconocido, dejando el calor de sus familias de origen en el pueblo, se añadieron, para ellas, la dureza de las condiciones de precariedad y carencias materiales en el nuevo destino.

  En un primer momento dos eran los objetivos prioritarios, encontrar trabajo para asegurar el sustento y localizar un techo que los cobijara con sus hijos. Para lo primero la siderúrgica cumplió, en la mayoría de los casos, sus esperanzas, aunque por los sueldos tan bajos que se pagaban, tuvieron que compaginarlo con otros trabajos para cubrir el día a día y ahorrar un poco para mejorar el futuro. En la segunda en muchos casos tuvieron que vivir de alquiler o compartir viviendas con amigos o conocidos, hasta que trabajando como mulas y pasando penurias, consiguieron ir ahorrando algo de dinero para construir o comprar una casa propia.

  A todas estas penalidades se añadieron otras que tocaron de lleno a las mujeres. En el nuevo pueblo, al principio, no existían las necesidades básicas para vivir, no había agua corriente, ni electricidad ni alcantarillado. El alumbrado casero lo realizaron con velas y carbureros y el suministro de agua tuvieron que conseguirlo en las acequias de riego o en fuentes comunales, acarreándola en cubos hasta casa. Estas fuentes comunales provenían de pozos excavados en tierra, cerca de los pozos ciegos de las casas, con lo que las filtraciones de aguas insalubres llevó a numerosas enfermedades y al aumento de la mortandad infantil, un duro golpe más para las madres que veían cómo todas sus aspiraciones familiares de bienestar se les venían abajo una y otra vez.

  Como caso práctico de lo que estoy contando quiero nombrar a mis abuelos maternos. Llegaron de Málaga en el año 1921 acuciados por la necesidad de conseguir trabajo y con ello la promesa de futuro para ellos y para su familia. Mi abuelo, Antonio de nombre, trabajaba en Málaga capital en la fábrica del Martinete, que era una fundición  .Esta fabrica cerró por falta de rentabilidad y a sus operarios les ofrecieron la posibilidad de viajar al Puerto para trabajar en los Altos Hornos del Mediterráneo, donde se requería personal especializado. Mi abuelo, como digo, se vino con su mujer y un hijo de cuatro años, que se llamaba Antonio como él, para emprender la aventura de la supervivencia, sin casa, sin dinero y con los pocos enseres que pudieron traerse. Este hijo  falleció a los dos años de instalarse debido a una infección provocada por la falta de salubridad y medios sanitarios. Posteriormente tuvieron una hija, llamada Carmen, que con un año otra infección se la llevó por los mismos motivos, volviéndose a repetir de nuevo para mis abuelos el  trauma de tener que enterrar de nuevo a otro hijo. Después tuvieron tres hijos mas, que gracias a los adelantos y mejoras de servicios sanitarios y sociales del pueblo, consiguieron salir adelante.

  Estas líneas van dedicadas a la memoria de todas aquellas mujeres que, como mi abuela, llegaron a estas tierras, en busca de un sueño de bienestar y prosperidad, huyendo de las carencias de sus tierras natales y que pagaron con creces su progreso y con ellas la de este amado pueblo que llamamos El Puerto.

 

Pilar Berná García

Presidenta de Iniciativa Porteña

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